Cómo hacer que las visitas al veterinario sean menos estresantes para tu perro
Visitas agradables, práctica de manipulación y una espera más tranquila: pequeños pasos para que pierda el miedo al veterinario.
Algunos perros adoran a todo el mundo en el veterinario. Otros se plantan en la puerta, tiemblan en la báscula e intentan subirse a tu regazo en la mesa de exploración. Si tu perro es de los segundos, no eres el único, y no es culpa tuya. Tanto si tu veterinario es una pequeña consulta en un pueblo holandés como una clínica con mucho movimiento en Madrid, un poco de práctica regular puede hacer que cada visita sea más tranquila para tu perro, para ti y para el equipo que lo atiende.
Para que las visitas al veterinario sean menos estresantes para tu perro, practica antes de que necesite atención. Acostúmbrale en casa a que le toquen con suavidad las patas, las orejas y la boca, haz que los trayectos sean divertidos y pasad por la clínica para «visitas agradables» cortas, solo con chuches. El día de la cita, pide una hora tranquila, espera fuera si te dejan y dale un juguete congelado al volver a casa.
¿Por qué los perros tienen miedo al veterinario?
Una clínica veterinaria junta muchas cosas que a los perros les cuestan, y todas a la vez. Hay olores fuertes de otros animales, suelos resbaladizos, gente desconocida y otras mascotas nerviosas en la sala de espera. Luego suben a tu perro a una mesa, le sujetan y le tocan en zonas sensibles. Si en la última visita le pusieron una inyección o le dolía un oído, tu perro también se acuerda.
Las señales de preocupación son tirar hacia atrás de la correa, jadear, temblar, bostezar, lamerse los labios, llevar la cola entre las patas, esconderse detrás de ti y rechazar chuches que normalmente le encantarían. Algunos perros gruñen o lanzan un mordisco cuando se sienten acorralados. Fijarte en estas primeras señales te ayuda a ir más despacio antes de que tu perro se desborde.
¿Cómo acostumbro a mi perro a que le manipulen en casa?
Practica en casa, en sesiones cortas y agradables, los toques que usará tu veterinario. Haz sesiones de uno o dos minutos, premia con generosidad y para antes de que tu perro parezca incómodo. Si tu perro se aparta, déjale. Esa posibilidad de elegir es lo que le ayuda a sentirse seguro.
Patas y uñas
- Tócale una pata y dale una chuche.
- Ve avanzando hasta sujetar la pata y separar suavemente los dedos.
- Más adelante, toca una uña con el cortaúñas sin cortar.
Orejas y ojos
- Levántale la oreja y mira dentro, luego prémiale.
- Tócale con suavidad alrededor de los ojos.
- Practica con una linterna para que la luz no le resulte nueva.
Boca y dientes
- Levántale el labio un segundo para verle los dientes.
- Ve alargándolo poco a poco hasta unos segundos.
- Prémiale justo después de cada vistazo.
Dejarse sujetar
- Practica un abrazo suave y flojo durante un momento.
- Sube a los perros pequeños a una mesa cubierta con una toalla.
- Pásale las manos por la tripa, el lomo y la cola.
Consejo Freezbone
Dale a tu perro un juguete relleno y congelado mientras practicas la manipulación. Muchos perros siguen lamiendo tan contentos mientras les revisas las patas, les miras las orejas o les cepillas el pelo. Así la manipulación se convierte en una rutina agradable, y también es un truco muy útil para asearle en casa.
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Manipularle con regularidad tiene otra ventaja. Hace mucho más fácil el cuidado diario en casa, desde revisarle las patas después de un paseo hasta buscar garrapatas en primavera y verano. Nuestra guía sobre garrapatas en perros en Europa explica cómo revisar bien a tu perro.
¿Qué son las visitas agradables al veterinario?
Las visitas agradables son paseos cortos a la clínica sin ninguna exploración, solo con cosas buenas. Entra, deja que alguien del equipo le dé una chuche, súbele a la báscula a cambio de otra chuche y volved a casa. Tu perro aprende que la puerta de la clínica no siempre lleva a algo desagradable. Pregunta antes en tu clínica y ve a una hora tranquila del día. Las visitas agradables son especialmente útiles con cachorros, así que añádelas a tu lista de socialización del cachorro.
¿Cómo hago más fácil el trayecto al veterinario?
Haz que viajar sea algo normal en su vida, para que el propio trayecto no sea una señal de alarma.
- En coche. Haz viajes cortos y divertidos a un parque o a un paseo favorito, no solo al veterinario. Usa un transportín bien sujeto o un arnés para coche. Nuestra guía para viajar en coche con tu perro habla más a fondo de la comodidad en los viajes.
- En transportín. Deja el transportín a la vista en casa con una cama blandita dentro, y échale chuches de vez en cuando. Es fácil cogerle manía a un transportín que solo aparece los días de veterinario.
- En transporte público. Las normas para perros en autobuses, tranvías y trenes cambian según el país y la empresa de transporte. Consúltalas antes de viajar.
- Acostumbrarle al bozal. En algunos sitios el bozal es obligatorio en el transporte público, y además puede hacer más segura la manipulación en el veterinario. Enséñale poco a poco en casa con muchas chuches, para que meta el hocico a gusto.
¿Qué puedo hacer el día de la cita?
Unas pocas decisiones ese día pueden reducir mucho el estrés de tu perro.
- Pide una hora tranquila. La primera cita del día o la de justo después de comer suelen ser más tranquilas. Pide una cita más larga si tu perro está muy nervioso.
- Avisa al equipo. Comenta al pedir cita que tu perro es ansioso, para que puedan organizarse.
- Paseo antes. Un paseo corto antes de entrar le permite olfatear y vaciar la vejiga.
- Lleva chuches y una toalla. Una toalla o una esterilla que huela a casa le da a tu perro algo conocido sobre lo que estar.
- Espera fuera si puedes. Pregunta si podéis esperar en el coche o fuera hasta que el veterinario esté listo.
- Pregunta por el suelo. A algunos veterinarios no les importa explorar a un perro nervioso en el suelo en lugar de en la mesa.
Ayuda
- Una voz tranquila y suave
- Chuches durante toda la visita
- Citas en horas tranquilas
- Práctica de manipulación en casa
- Visitas agradables cortas
Lo pone más difícil
- Ir solo cuando tu perro está enfermo
- Reñir a un perro asustado
- Arrastrar a tu perro por la puerta
- Esperas largas junto a otros perros
- Ir corriendo del coche a la mesa
¿Qué debo hacer después de una visita al veterinario?
Dale a tu perro un resto del día tranquilo y sin exigencias. En casa, ofrécele un juguete relleno y congelado para que la visita termine con algo bueno. Lamer y mordisquear son actividades que calman a muchos perros, y un premio congelado que dura le da tiempo para relajarse. Si le han sedado, operado o tiene el estómago revuelto, sigue primero las indicaciones del veterinario sobre la comida.
- No retrases nunca una atención necesaria porque tu perro esté ansioso. Díselo a la clínica y deja que te ayuden.
- Llama a la clínica si tu perro parece encontrarse mal después de una vacuna o un tratamiento, por ejemplo con hinchazón, vómitos o un cansancio poco habitual.
- Si tu perro es muy miedoso, pregunta a tu veterinario por un plan para las próximas visitas.
¿Le llegará a gustar a mi perro ir al veterinario?
Puede que tu perro nunca entre corriendo por la puerta de la clínica, y no pasa nada. El objetivo es un perro que se sienta lo bastante seguro como para sobrellevarlo. Con práctica de manipulación, visitas agradables y un premio al final, muchos perros se van calmando notablemente con el tiempo. Si acabas de adoptar, nuestra guía para ayudar a adaptarse a un perro adoptado de otro país explica cómo hacer que esa primera revisión forme parte de un comienzo suave.
Información general, no consejo veterinario. Si te preocupa tu perro, consulta a tu veterinario.
Preguntas frecuentes
-
Para una revisión normal, una comida ligera unas horas antes suele estar bien, y un perro con un poco de hambre se interesa más por las chuches. Si tu veterinario te ha pedido que no le des de comer, por ejemplo antes de un análisis de sangre, una sedación o una cirugía, sigue siempre esas indicaciones. Pregunta en la clínica si tienes dudas.
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Muchas clínicas aceptan encantadas que te quedes en las revisiones rutinarias, y tu presencia tranquila puede ayudar. Pregúntalo al pedir cita. Para algunos procedimientos, el equipo puede llevarse a tu perro a otra sala, y es lo habitual.
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Sí, en la mayoría de los casos las chuches son una forma estupenda de que la clínica sea un sitio mejor para tu perro. Lleva chuches pequeñas y blandas que le encanten y dáselas en la sala de espera, en la báscula y durante la revisión. Pregunta antes si tu perro sigue una dieta especial o tiene que ir en ayunas.
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Incluso una o dos veces al mes marcan la diferencia, sobre todo con cachorros y perros recién adoptados. Que cada visita sea corta y divertida, con chuches y sin exploración. Pregunta siempre antes a tu clínica y elige un momento tranquilo del día.
-
Díselo a la clínica al pedir cita, para que el equipo pueda planificar una visita segura y tranquila. Enseñar a tu perro en casa a llevar bozal a gusto, con muchas chuches, hace que manipularle sea más seguro y menos estresante para todos. Tu veterinario también puede explicarte otras opciones para perros muy miedosos.
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